Una vez más, las calles de Cutral Co se convirtieron en el escenario de un violento episodio que expone la grave crisis de seguridad que atraviesa la comarca. Este jueves por la tarde, a plena luz del día y ante la mirada atónita de los vecinos, una violenta disputa terminó a los tiros en la intersección de las calles Ejército Argentino y 22 de Octubre.
El saldo de la balacera fue un joven herido por arma de fuego, quien recibió impactos en una pierna y en la zona del glúteo. La gravedad del hecho obligó a una rápida y arriesgada intervención de la Policía provincial, que debió montar un operativo cerrojo y protagonizar una peligrosa persecución por las calles de la ciudad.
El despliegue policial culminó exitosamente con la demora de un sospechoso, además del secuestro del vehículo utilizado en la huida y de las armas de fuego presuntamente empleadas en el ataque. Sin embargo, el rápido accionar de la fuerza de seguridad contrasta de manera alarmante con la pasividad de las autoridades políticas locales.
La seguridad, la gran ausente en la agenda municipal
Este tiroteo a las tres de la tarde no es un hecho aislado es un síntoma más de una escalada de violencia que viene en franco aumento en la comarca. Ante esta realidad, surge la pregunta ineludible: ¿Qué están haciendo los municipios de Cutral Co y Plaza Huincul para frenar esto?
La respuesta, a juzgar por los hechos, parece ser nada. Mientras los vecinos tienen que tirarse al piso en sus propios barrios para esquivar balas perdidas, desde las intendencias de ambas ciudades se percibe una preocupante falta de interés. No hay planes de prevención conjuntos, no hay mesas de crisis, ni medidas concretas que acompañen el esfuerzo policial. La seguridad ciudadana parece haber quedado relegada al último lugar en las prioridades de los ejecutivos municipales, que miran para otro lado mientras la violencia armada se normaliza en nuestras calles.
El episodio de ayer en Ejército Argentino y 22 de Octubre pudo haber terminado en una tragedia aún mayor. Es hora de que las autoridades municipales de ambas localidades dejen de ser meros espectadores y asuman la responsabilidad política que les cabe en la pacificación de la comarca.