Del desconocido “Leonardo Mecci” a la leyenda eterna: El último tango de Lionel Messi con Argentina

2026-10-07 10:43:29 - ARGENTINA

Mucho ocurre en 8 mil 134 días. En esos 22 años, 3 meses y 7 días, por ejemplo, en Argentina se pasó de un desconocido y mal identificado "Leonardo Mecci", a un planetario y universal Lionel Messi.

El 29 de junio de 2004, "Mecci" jugó su primer partido con la camiseta albiceleste.



"Leonardo" debía ser seducido por su origen argentino y no por su formación española. Así, la AFA le envió, atentamente, el fax al Barcelona. Los sudamericanos convocaron a "Leonardo Mecci" para que jugara por primera vez para ellos. Le hablaron de las propiedades del mate, le hicieron un asado imaginario y le fabricaron un partido a la medida contra Paraguay Sub 20.

El desconocido "Leonardo" no podía escapárseles. Lo habían visto en cintas VHS, que reproducían los juegos del Barcelona infantil. Algunos pensaron que la casetera aceleraba la velocidad de aquel niño con pelos de fideo. Pero era la velocidad normal, de un "Leonardo", adelantado a la tecnología y a su época.

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No había que ver demasiado la cinta. Tampoco podían darle la '10', porque, sencillamente, no sabían ni quién era. Pero vistió aquel juego contra los guaraníes vistió la '17'. Luego, sabrían que se llamaba Lionel y no "Leonardo y que se apellidaba "Messi" y se pronunciaba "mejor jugador de todos los tiempos".

En aquel entonces, Messi tenía 17 años. Hoy, ya 39. Esa fue su primera vez con Argentina. Y este 6 de octubre, de 2026, su última. En poco más de dos décadas, se tendió un puente, entre aquel frenético niño que corría como en una especie de trance, y un barbado padre de familia, Campeón del Mundo, porque el tiempo, muchas veces, comete la estupidez de transcurrir.

Y así, en lugar de quedarse quieto en aquellos momentos exactos, el reloj vació su arena sobre la nostalgia de lo que sí pasó. Y llegó el tango final, en el Monumental, donde Leo se conmovió con el himno hecho agua en los ojos.

Esta vez, no lo cantó. Lo lloró.

Y comprobado quedó que no entonar el himno no te hace más o menos argentino.

Donde antes lo criticaban por no hacerlo, hoy, todo un pueblo se enteró que un sentimiento también puede vivirse en silencio.

Y sonó el silbatazo que nadie quería escuchar: el del inicio del final. Es casi curioso. Messi lleva jugando más de 20 años para Argentina. Y este día, Argentina jugó para él. Así llegó el 'minuto Messi'. Al 10', se pausó el partido para lanzar cohetes y aplausos al ritmo de un estruendoso "¡Olé olé olé, Messi, Messi!".

El casi desconocido Benín solo será recordado en el mapa del futbol por haber sido el rival del día que Lionel colgó los botines argentinos. Pero el partido no era tan decorativo. Leo, que es un animal competitivo, no entiende de treguas. Su mente sigue siendo igual o más rápida, pero su velocidad fue intercambiada por una suerte de GPS que le orienta panorámicamente por el campo. Así, envió un disparo por un costado del poste derecho africano.

En cuestión de minutos, hizo de un tiro libre, de 29 metros, una sensación de peligro. El balón salió bailando al ritmo de su muy parecido diseño del legendario, 'Tango', que en sus costuras llevaba grabado en oro el mensaje de "el último baile", porque si la redonda hablara también le hubiera dicho "gracias".

Luego, Lautaro Martínez acarició esa pelota, de 3 dedos, con una comba parecida a un arcoíris, para servir a un Leo punzante, que remató apenas desviado del poste derecho. Leo siempre ha sido la persistencia como otra de las formas de la resistencia.

Por eso, en las primeras expresiones del complemento, colgó un centro, como con unas pinzas invisibles, directo a la cabeza de Nicolás Otamendi, el otro legendario que también se despedía de Argentina con un regalo con moño del gol.

Como al futbol le gustan las simetrías, Leo dio esa asistencia como agradecimiento por ser el tercer jugador con el que más veces compartió la cancha con selección (103).

Luego se supo que el arquero rival, Dandjinou, no era, precisamente, el rey de la fiesta, cuando, por segunda vez, le adivinó un tiro libre al festejado. Pero no pudo con Nico Paz, que hizo un Messi. Como con un taco de billar, Nico le pegó al balón con la cara interna del botín. Lo demás fue un viaje feliz a la red. Un gol muy '10', si es que acaso él fuera el heredero…

Pero antes, Leo hizo las cosas propias del presente: seguir siendo Messi, si es que eso no significa seguir siendo definitivo. Si es cierto que cuando va a patear un cobro, de tiro libre, pasa por la mente '¿y si lo mete?', no es menos cierto que cuando la pelota está en el punto penal, se asoma un entrometido pensamiento de: '¿y si lo falla?'.

Pero no. Esta vez, como casi nunca, no.

Entonces, Lionel recogió la frialdad de Qatar para hacer otro gol, de aquel penal. Lo ajustó casi en la escuadra izquierda del, esta vez, congelado portero.

El simbolismo de esta anotación alcanzó dos nubes.

Como siempre, Messi alzó los dos brazos y festejó viendo al cielo: un dedo apuntó a su abuela y otro a su recientemente fallecido padre, Jorge.

Si Argentina tiene tres estrellas, Leo tiene dos que, al final, se aparecieron en los cielos, en forma de drones, que dibujaban recuerdos.

Lionel tenía los ojos remojados en melancolía. Cuando veía allá arriba las luces, él, en realidad, veía a su papá poniéndole asistencias desde la eternidad.

"Es difícil decir algo hoy. Hay muchas emociones. Obviamente, en lo primero que pienso es en mi viejo", reconoció cuando tomó el micrófono, para hablarle de frente al mundo, que cabe en Argentina:

"Es el día más triste de mi carrera por decirle adiós a la selección. Ahora, voy a estar de ese lado, siempre unidos. Te juro que me gustaría venir toda la vida. Jugar en la selección es lo más lindo que te puede pasar, ¡lo más lindo que te puede pasar!", remarcó emocionado, mientras se era ovacionado con el vapor del último aliento.

Luego, más de cinco minutos después, Messi hizo una pausa, como cuando frena en seco. "Estoy hablando más que nunca. Es que no me quiero ir de acá", confesó, entre risas nerviosas, antes de finalizar su carrera con la selección, pero no del futbol… "porque esta noche no se va… él va a jugar hasta el final"…

Eso es cierto. Como lo cantó La Sole, apareciéndosele en la cancha, Messi se va de Argentina, pero no de nosotros, porque el amor no se jubila. Y por eso se chocan las copas al son de la canción Brindis:

"porque los días se nos van, quiero cantar hasta el final, ¡por otra noche con el Leo doy mi vida!"…

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