'Fuimos engañados': rechazan en EE.UU. la suspensión de las elecciones presidenciales en Nicaragua

2026-07-22 07:16:29 - MUNDO

Aunque no fue ninguna sorpresa, la declaración de Daniel Ortega causó malestar entre la comunidad migrante en Estados Unidos. Muchas personas, que salieron de Nicaragua a raíz del ascenso del sandinismo a finales de la década de 1970, se movilizaron en su momento para que cayera Anastasio Somoza Debayle, pero ahora ven como Ortega se ha propuesto enquistarse en el poder, al igual que esa dinastía que duró más de 40 años, anulando toda vía democrática para la alternancia.

Al celebrar el aniversario de la Revolución Sandinista, el pasado 19 de julio, Ortega anunció que se cancelarán las elecciones programadas para 2027, lo que significa que el mandatario, en la silla presidencial desde 2007, extenderá su permanencia en el Gobierno siguiendo los pasos de la dinastía Somoza, la cual cayó en 1979 como resultado de la revolución que puso por primera vez a Ortega como presidente (1985-1990).

"Esta es una burla", reaccionó Jeannett Barreto, residente en Los Ángeles, quien salió en 1980 de Nicaragua y se estableció en el sur de California. "Cuando los nicaragüenses pedimos el cambio de Somoza fue porque tenía 44 años en el poder, era por eso, no queríamos dinastías, no queríamos reyes, por eso luchamos. El pueblo de Nicaragua fue el que puso a los sandinistas en el poder con la ilusión de un cambio; es puro fraude desde que ellos están ahí", abundó.

En el marco del cuadragésimo séptimo aniversario de la revolución, Ortega anunció el domingo que las elecciones previstas para noviembre de 2027 no se realizarán. "Aquí no volverá a haber elecciones. Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno", enunció para luego agregar entre gritos y aplausos: "jamás, jamás, jamás".

Un ciudadano nicaragüense sostiene un cartel durante una protesta contra el presidente Daniel Ortega en la Plaza de la Constitución en la Ciudad de Guatemala, el domingo 7 de noviembre de 2021. (Associated Press)

En los últimos ocho años, desde las protestas de 2018, la democracia se ha deteriorado en Nicaragua. Con motivo del quinto aniversario de la represión en contra de las voces disidentes, que dejó un saldo de más de 300 muertos y más de 2 mil personas heridas, la organización Amnistía Internacional declaró, en 2023, que el Gobierno de Ortega ha logrado el cierre gradual del espacio cívico, silenciar a las personas defensoras de derechos humanos, activistas y periodistas y cualquier voz crítica.

Desde que regresó a la presidencia en 2007, Ortega ha modificado la Constitución y en los comicios del 2021 encarceló a todos los candidatos presidenciales, aparte de clausurar más de 5 mil organizaciones y quitar sus licencias a abogados, entre otras denuncias que se le hacen al mandatario que busca perpetuarse en el poder.

"Está violando la Constitución una vez más", valoró German Peña, fundador de la organización Nicaraguan American Opportunity Foundation Rubén Darío, quien se estableció en California en 1983. "Lo veo absurdo, porque los países tienen su Constitución y se debe respetar", agregó el activista indignado por el anuncio de Ortega.

En un video divulgado en las redes sociales, el excandidato presidencial Juan Sebastián Chamarro condenó las intenciones de Ortega, señalando que el mandatario "se ha quitado una máscara más" y que su anuncio responde a la presión de los disidentes y de la comunidad internacional y que aunque el líder sandinista no lo mencione en su discurso el hecho de anular las elecciones lo hace "porque le duele".

"El dictador en realidad está claramente reaccionando a las demandas de los opositores que al unísono hemos expresado que la solución es la vía democrática", aseguró Chamorro, quien compitió por la presidencia de Nicaragua en 2021 y estuvo preso hasta 2023, cuando el Gobierno de Ortega lo liberó junto a más de 220 disidentes que fueron declarados "traidores de la patria", enviados vía aérea a Estados Unidos y a quienes se les quitó la ciudadanía nicaragüense.

Una mujer espera para emitir su voto en un colegio electoral durante las elecciones generales en Managua, Nicaragua, el domingo 7 de noviembre de 2021. El presidente nicaragüense Daniel Ortega buscaba un cuarto mandato consecutivo contra un grupo de candidatos poco conocidos mientras que los aspirantes con serias opciones estaban en prisión. (Associated Press)

La medida de Ortega ha recibido todo tipo de cuestionamientos.

A juicio de Héctor Lindo, historiador y profesor emérito de la Universidad de Fordham en Nueva York, al cancelar las elecciones el nepotismo deja de ser un problema y pasa a ser un estilo de gestión; la corrupción, un lubricante administrativo; y los aduladores, por fin, pueden trabajar sin miedo a que la realidad les arruine el día. En ese ecosistema, el poder ya no se disputa: se administra como una herencia familiar.

"La fantasía de gobernar sin elecciones es casi poética: se elimina la molestia de fingir transparencia, se jubila a la institución electoral, y todo el aparato propagandístico puede dedicarse a fabricar devoción al líder incontestado", escribió Lindo en su cuenta de X, antes Twitter.

En entrevista con LA Times en Español, el politólogo Jesse Acevedo indicó que la decisión de Ortega de quitar del camino las elecciones y perpetuarse en la presidencia es un mensaje contundente a la disidencia. El académico observa que el Gobierno nicaragüense vio el resurgimiento de la oposición venezolana en los comicios de 2024; ante el temor de que ocurra lo mismo en Managua, al anular la vía democrática le da el último impulso a su plan de entronarse en el poder como lo hizo la dinastía Somoza a partir de 1936.

Acevedo, profesor de la Universidad de Denver, en el estado de Colorado, apunta que debido a los cuestionamientos en la reelección del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y en la elección del presidente de Honduras, Nasry Asfura, no surgirán críticas de los vecinos, tampoco espera que se pronuncien otros líderes latinoamericanos. Esto se explica, dijo el politólogo, porque Estados Unidos no se ha interesado en el fortalecimiento democrático en la región.

"Sabemos que a Trump la democracia no le importa, lo que más le importa son sus prioridades, su influencia y deja que los gobiernos hagan lo que quieran", subrayó, agregando que la decisión de Ortega se da porque el mandatario nicaragüense ha actuado con impunidad y no ha habido ninguna consecuencia. "Estados Unidos ahorita está ocupado con Irán, Venezuela y en Cuba sigue lo mismo; creo que Ortega mira eso y dice: mejor cierro todas las avenidas de la oposición y consolido el régimen", plantea Acevedo.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, encabezan un mitin en Managua, el 5 de septiembre de 2018. (Associated Press)

La consolidación del poder de Ortega presagia que se dispare el éxodo nicaragüense. A partir de la brutal represión de 2018, según el colectivo Nicaragua Nunca Más, con sede en Costa Rica, al menos 838,363 nicaragüenses se vieron obligados a irse al exilio. La mayor parte de los desplazados se han establecido en suelo costarricense.

En 1979, antes de que cayera el último presidente de la dinastía Somoza, Barreto salió a las calles a protestar. Debido a la crisis que se generó, esta mujer dejó sus estudios universitarios de administración de empresas. Un año después del triunfo del sandinismo, está inmigrante se radicó en Los Ángeles. En su momento, confiesa que todos los nicaragüenses fueron simpatizantes de la revolución, porque soñaban con la libertad.

"Fuimos engañados por el sandinismo, no era lo que nosotros esperábamos, si mira ellos son los dueños de Nicaragua", señaló decepcionada por el cierre de vías para la alternancia por la vía electoral.

Ortega, de 80 años, gobernó Nicaragua durante la revolución durante cinco años, en 1990 fue relevado por Violeta Chamarro. Regresó al poder en 2007, desde entonces se ha reelecto en cuatro ocasiones. Con el apoyo del Congreso, en enero de 2025 se le extendió un año más al actual mandato presidencial de cinco años. Con la proclamación del domingo, las elecciones de 2027 quedan suspendidas y Ortega se encamina a perpetuarse tal como lo hicieron los Somoza por más de 40 años.

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Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.

Fuente: latimes.com
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